El barrio de La Mariscal inició su conformación alrededor de 1922, siguiendo la tendencia urbana de la época que impulsaba el crecimiento de Quito hacia el norte. En sus inicios abarcaba unas 30 manzanas; posteriormente, en la década de 1930, se consolidó junto con el barrio Simón Bolívar. Sus límites tradicionales quedaron definidos por la av. Colón al norte, la av. 6 de Diciembre al este, la av. Patria al sur y la av. 10 de Agosto al oeste.
En el Plan Director de Urbanismo de 1967 se designó a la avenida Amazonas como el eje principal de la actividad comercial en La Mariscal. Durante estos años, la estructura urbana de Quito se organizaba a partir de la diferenciación entre el Centro Histórico —como núcleo central— y la aparición de un nuevo centro urbano. Este nuevo centro fue precisamente La Mariscal, que alcanzó su consolidación hacia mediados de los años setenta.
A inicios de esa década, el Municipio de Quito impulsó un proceso de Renovación Urbana que incluyó intervenciones viales, como la ampliación de las veredas de la av. Amazonas y la prohibición del estacionamiento vehicular, el cual pasó a permitirse únicamente en las calles transversales. La gestión económica de la ciudad comenzó entonces a desplazarse desde el Centro Histórico hacia La Mariscal, en un proceso de descentralización de funciones administrativas y de servicios. Podría decirse que este sector anticipó lo que hoy se conoce como el concepto de “ciudad de 15 minutos”.
Sin embargo, el dinamismo de este nuevo centro urbano contrastaba con los estudios de zonificación y categorización de áreas históricas, basados en recorridos visuales, que desde 1980 buscaban descartar zonas consolidadas después de 1934 o con modificaciones irreversibles. En los años noventa, mediante la Ordenanza N.º 3050 (17/12/1993), La Mariscal fue incluida y reglamentada dentro del Inventario Selectivo, con base en el Plan Maestro de Rehabilitación Integral de las Áreas Históricas de Quito, realizado en 1991.
Muchas edificaciones históricas del sector fueron demolidas para dar paso a construcciones de mayor altura, especialmente a lo largo de la av. Amazonas. Las que no fueron derrocadas fueron registradas, pero debieron someterse a constantes adaptaciones funcionales para ajustarse a las demandas de los servicios que albergaban, en ocasiones ante la permisividad del ente regulador.
A partir del año 2000, La Mariscal inició un proceso de decadencia, producto de la visión municipal de convertirla en la “Zona Rosa” de la ciudad. A ello se sumaron problemas como la venta de drogas y la prostitución, lo que provocó la migración de residentes hacia otros sectores. Esta decadencia alcanzó su punto crítico durante la pandemia de COVID-19, que obligó al cierre de locales comerciales y de entretenimiento.
Lo sucedido en La Mariscal podría describirse como la crónica de la muerte anunciada de un barrio que nació como modelo urbanístico y terminó sumido en un deterioro progresivo. Por ello, es indispensable adoptar medidas correctivas, incluyendo un análisis actualizado del estado de las edificaciones reconocidas en el Inventario Selectivo y de los inmuebles sin uso o desocupados. Esto permitiría obtener una visión integral de la ocupación del sector, ya que es evidente que desfiles y ferias temporales no serán suficientes para recuperar el dinamismo necesario para que La Mariscal vuelva a funcionar como una verdadera centralidad urbana.